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Suena el despertador a las 5:30 am (despertador tradicional, no el del móvil), para iniciar tu mañana bebiendo agua tibia con limón y 20 minutos de meditación, para continuar con la sesión de yoga o el running en ayunas, justo antes de una agradable ducha y un desayuno ayurvédico, que te permitirá “comenzar” tu día, viendo el móvil y contestando mails… todo esto antes de que salga el sol.

Las rutinas de las mañanas se han convertido en las grandes profetisas que determinan el éxito del día. Una mezcla de productividad con autocuidado se hace esencial para garantizar que cumples con los “requisitos” de una persona que gestiona “correctamente” su vida.

Nos lo han dicho toda la vida, ¿no? “Al que madruga Dios lo ayuda” o “Hay que levantarse con el pie derecho”. Pero la idea de una buena mañana, lejos de convertirse en un motivador ha pasado a ser una obsesión de la sociedad actual. Ya no pensamos en la rutina que mejor nos funciona, ahora pensamos en la rutina que nos dicen que debemos seguir.

Ya lo advertía Arianna Huffington en su artículo What the Peloton Ad Says About Our Morning Routine Obsession. Al hablar de éxito, la productividad manda y el despertarse temprano es un comando que, aparentemente, compensa nuestra falta de sueño con “todo aquello que podemos lograr” si nos despertamos temprano.

¿Por qué es más importante “hacer” que dormir?

¿No es dormir “hacer” algo?

¿Por qué es necesario “hacer” tanto al despertar?

¿Por qué todos tenemos que encajar en un modelo de mañana ideal?

¿Es tu mañana la que determina todo tu día?

No dejan de decirnos que personas exitosas o que admiramos cuentan con rutinas de mañana impecables que, sin tomar en cuenta más variables, aceptamos como hechos ineludibles que justifican sus logros. El problema no es que tengan rutinas de mañana ideales, porque muy probablemente las tengan, el problema es la idealización social que hacemos de ellas y como, casi sin darnos cuenta, nos hemos obsesionado con que una mañana ideal es sinónimo de perfecta. Sin asumir que no todas las mañanas son iguales.  Sin saber si la decisión ha sido nuestra o pura presión social.

Lo que es más preocupante aún es que esa mañana perfecta nos termina encerrando en una montaña rusa de comparaciones, en la que otros lo logran más o mejor. Un juicio personal que se intensifica al verte como una persona que no sabe aprovechar su tiempo, porque bañarse y desayunar ya no es suficiente, porque descansar deja de ser una opción, porque dormir no se ve como productividad… ¡cuando sí lo es!

Sin duda, no todos somos de mañanas, pero teniendo en cuenta que el 79% de los empleados de la población española trabaja por cuenta ajena y que probablemente lo hagan bajo horarios fijos, las mañanas son el foco que ha tomado el discurso del “momento para ti”. Nuestra invitación es que así sea, que independientemente de lo que decidas hacer cada mañana lo hagas a consciencia y no por simple repetición, que te cuestiones si eso es lo que más te llena como persona o sencillamente es un mandato social que usas como talismán de suerte o éxito. Es más, no solo por las mañana, sin no en tu día a día, cada día.

La productividad y el autocuidado tiene tantas formas como personas, si el tuyo es una rutina de mañana consolidada ¡ideal! Pero si no lo es ¡también! Recuerda que el tiempo siempre debe estar a tu disposición para brindarte la anhelada productividad pero con libertad, una libertad que incluya todos tus roles de tu vida en su justa medida.

Do it clear!

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