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Decir que ahora estamos teletrabajando es como decir que en Juego de Tronos la gente se casaba por amor. El teletrabajo es una opción, no una obligación. Ahora no estamos teletrabajando, ahora estamos sobreviviendo.

Teletrabajo significa trabajar a distancia, poder hacerlo desde casa o desde una cafetería. Desde un coworking o desde tu despacho. Y lo más importante de todo, siendo dueño de tu tiempo, actuando con libertad y ejecutando tu trabajo por objetivos y con responsabilidad, pero siempre gestionando el tiempo con transparencia. Teletrabajo significa gestionar nuestro mayor activo, el tiempo. Y de este modo alcanzar nuestra más alta productividad.

La principal diferencia es la obligación versus la libertad.

Por desgracia y por algo que no podemos controlar, nos ha tocado quedarnos en casa a trabajar, solo en casa. Podríamos llamarle casatrabajo, pero no teletrabajo. Ahora tenemos que gestionar el tiempo con nuestra familia, hij@s y parejas, haciendo más complicado nuestro trabajo y montando un verdadero puzzle con nuestro tiempo. La principal carencia, como cualquier cambio repentino, es no estar preparados y carecer de las herramientas necesarias para poder trabajar de la mejor manera posible. Del mismo modo que la comunicación y el acceso a la información puede verse mermado, por no estar previstos, los espacios de trabajo no  están definidos. No es fácil montar una pequeña oficina en casa de la noche a la mañana, un espacio tranquilo y aislado donde poder ser productivo.

Por eso decimos que estamos sobreviviendo. Suficiente hacemos. Y nos incluimos, nosotros desde Brandsummit, ya que aun llevando casi dos años trabajando con libertad de horarios y espacios, ahora nos ha tocado quedarnos en casa. Por suerte estábamos preparados para ello y seguimos el ritmo planificado, sin tener que estar sentados en horario fijo frente al portatil, pero cumpliendo con nuestras responsabilidades.

Por eso, otra de las grandes barreras es la mentalidad o cultura de empresa, que sin duda alguna debe definirse desde dirección. Vivimos en un país adicto al presencialismo, al control y a la desconfianza, tanto del empleado como del jefe.

Empresas en las que pasar horas y horas calentando la silla del despacho tiene su recompensa. Desperdiciando con ello un montón de tiempo, tiempo de familia, de ocio y de descanso.

Lamentablemente esto se ha transportado al trabajo desde casa, siendo muy habitual que todos los días los equipos de trabajo tengan reuniones tempranas con sus jefes, a modo de fichaje, es decir, de presencialismo digital. Además se obliga a estar todo el tiempo disponible, evitando que los hij@s te molesten, generando largas jornadas de trabajo, donde lidiar con el resto de obligaciones y distracciones es casi imposible, creando estrés en los equipos de trabajo y con ello una menor calidad del trabajo entregado. El motivo es sencillo, las personas no están gestionando su tiempo, siguen aparentando, ya que, insistimos, vivimos en un país adicto al presencialismo, sea físico o digital. Podemos trabajar en una empresa con la mejor tecnología del mundo, pero con una cultura del pasado.

El teletrabajo ni es una panacea para los empleados, ni es un horror para la dirección. Es un sistema más de trabajo, basado en la gestión del tiempo. Si nos cargamos esto, nos cargamos el sistema. Lo que está claro, es que sin probar este sistema no sabrás si es idóneo para tu organización o no. Y de nuevo repetimos que ahora no lo estamos probando, ahora estamos sobreviviendo. Dale una oportunidad real cuando pase el confinamiento y entonces decide. Además, como siempre decimos, es un concepto evolutivo y adaptativo.

 

Si cuando todo esto acabe no disponemos de más flexibilidad laboral no habremos aprendido nada. Del blanco al negro hay infinitos grises y cada organización debe escoger con que tono se queda. El reto que tenemos delante de nosotros es transformar a las personas, no transformar la manera de trabajar.

 

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