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En el mundo del «para ayer», todo parece ser urgente o necesario. Las horas se pasan poniendo «paños de agua caliente» en los problemas cotidianos y tachando de la lista de pendientes actividades rutinarias que solo dan la sensación de resistir sin avanzar. ¿Te suena familiar?

No es porque no lo intentemos, es que estamos tan sumergidos en esa dinámica que pocas veces paramos a analizar y preguntarnos: ¿Es esto lo que realmente necesita mi empresa/proyectos? ¿Son estas tareas tan importantes como las estoy planteando? ¿Cuánto tiempo me están tomando, lo tengo cronometrado? ¿Qué pasa si esto no sale hoy?

¿Te has puedo a pensar en ello? Serías capaz de reconocer qué en tu día se cuela como una prioridad cuándo no lo es. Si tiene dudas o no sabes como identificarlas, nosotros compartimos lo que hemos descubierto sobre ellas.

Las falsas prioridades son como una plaga. Una vez que las dejas entrar, necesitas de toda una metodología para acabar con ellas. Las falsas prioridades se resisten, se esconden y te confunden. Nos llevan a considerar que son «indispensables» cuando, en la realidad, no lo son. Además, son expertas en hacernos sentir que estamos «haciendo», aunque sea un hacer superficial y sin relevancia.

Las falsas prioridades son las amigas número uno de los que «calientan la silla». Son esas tareas con las que llenamos ocho o más horas de nuestro día, cuándo para hacer bien nuestro trabajo, quizás, necesitemos solo la mitad. Son tareas que solemos hacer y rehacer, porque parecen «no avanzar» y se quedan estancadas con ese falso carácter prioritario.

Las falsas prioridades pueden ser personales o laborales. En el entorno laboral pueden ser impuestas (venir de jefes o compañeros de trabajo) o ser autodemandas. En el primero de los casos es más complejo trabajarlas, se necesita que el otro entienda que no está sumando a la productividad del equipo. En el segundo caso, tú eres el único responsable y solo necesitas una decisión para comenzar el plan de exterminio de esta plaga que está interviniendo en tu día a día y la consecución real de tus objetivos, los de tu empresa o proyecto.

Ahora, qué pasa si eres tú el jefe o el compañero de trabajo que está imponiendo las falsas prioridades. ¿Lo has pensado? Si dudas, este es tu momento de sentarte y revisar las tareas de tu día.

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