Quizá el problema no sean las horas. Quizá sea la claridad
El tiempo ha sido motivo de reflexión y observación a lo largo de la historia. Hemos buscado maneras de contabilizarlo, medirlo, organizarlo y, en cierto modo, controlarlo.
Paradójicamente, hoy hablamos del tiempo como uno de los grandes lujos contemporáneos. Tener tiempo para nosotros. Para cuidarnos. Para compartirlo con quienes queremos. Para no mirar el reloj durante unas horas. O, en el mejor de los casos, tampoco el móvil.
Sin embargo, cuando entramos en el terreno laboral ocurre justo lo contrario. Es habitual terminar el día con la sensación de que nunca hay suficiente tiempo para todo. Mientras el debate público gira alrededor de la jornada de cuatro días, en muchas empresas la sensación sigue siendo exactamente la contraria: faltan horas.
Pero quizá el problema no sean las horas. Quizá sea la claridad.
Estar ocupado no significa avanzar
Durante mucho tiempo hemos asociado productividad con cantidad: hacer más, responder más rápido, llenar la agenda, aprovechar cada minuto.
Pero un día lleno no necesariamente es un día productivo. Cuando todo es urgente, nada es realmente prioritario. Cuando nadie sabe exactamente quién debe tomar una decisión, aparecen reuniones. Cuando un proyecto no tiene bien definidos sus objetivos, aparecen cambios y correcciones. Y todo eso consume tiempo y atención.
En un oficio creativo, además, esto tiene una consecuencia directa sobre los proyectos. Gestionar una marca implica coordinar personas, alinear expectativas y tomar decisiones que no siempre son evidentes. Un proyecto puede acumular reuniones, propuestas y revisiones sin que eso signifique que esté avanzando en la dirección correcta. A veces, avanzar consiste precisamente en detenerse, entender mejor el problema y decidir con criterio.
En Brandsummit hace años que empezamos a cuestionarnos nuestra forma de trabajar. No inventamos la rueda ni tenemos una fórmula mágica, pero con el tiempo entendimos que dedicar más horas a un proyecto no garantiza mejores resultados, del mismo modo que acumular propuestas no significa ofrecer mejores soluciones.
La libertad necesita responsabilidad
De esa evolución nació Do it Clear, nuestra metodología basada en tres pilares muy sencillos: libertad, responsabilidad y transparencia. Tres conceptos que funcionan juntos y que, para nosotros, son inseparables.
Hablar de libertad en el trabajo puede sonar muy bien sobre el papel. Poder decidir dónde trabajar, cuándo hacerlo o cómo organizar tu jornada. Pero la libertad sin responsabilidad se convierte rápidamente en caos.
Por eso Do it Clear no consiste en trabajar cuando apetece ni en eliminar estructuras. Consiste en cambiar el foco: de controlar horas a responsabilizarse de resultados. Cada persona debe saber qué se espera de ella, qué decisiones puede tomar y cuáles son sus prioridades. Si eso está claro, la autonomía deja de ser un riesgo y empieza a convertirse en una ventaja.
Esa claridad también debe existir en la relación con nuestros clientes. Entender qué esperan, qué necesita realmente cada proyecto y qué podemos aportar desde nuestra experiencia.
Y ocurre algo parecido con la transparencia. Cuando la información está disponible para todos, se reducen muchas de las pequeñas interrupciones que fragmentan el día: preguntar en qué punto está un proyecto, quién está haciendo qué, cuándo debe estar terminado o cuál es la última versión de un documento.
Gestionar el tiempo también es eliminar ruido
Muchas veces, cuando sentimos que no llegamos a todo, intentamos incorporar nuevas herramientas: otra aplicación de productividad, otra lista, otro calendario.
Quizá antes de añadir algo deberíamos preguntarnos qué podemos eliminar. ¿Cuántas reuniones existen simplemente para compartir información que podría estar accesible de otra manera ¿Cuántas veces se interrumpe un trabajo porque una prioridad no estaba realmente clara?
Y no nos equivoquemos: seguimos teniendo deadlines. Clientes. Reuniones. Problemas. Semanas mejores y semanas peores. Do it Clear no pretende eliminar nada de eso. Pretende que, dentro de esa realidad, tengamos la mayor claridad posible para decidir dónde ponemos nuestra atención.
La última pregunta sería, ¿eliminar el ruido para qué? Pues para tener más tiempo para nosotros. Creemos firmemente que una persona capaz de conciliar su vida profesional con la personal, de tener tiempo para descansar, practicar deporte, estar con su familia, o simplemente no hacer nada, toma mejores decisiones cuando vuelve a trabajar.
Medir el tiempo para después intentar recuperarlo
Durante siglos, la mayoría de las personas organizaban su jornada siguiendo referencias naturales y colectivas: la luz solar, las estaciones o las campanas de las ciudades. Con la aparición de los relojes mecánicos y, posteriormente, la industrialización, el tiempo comenzó a medirse cada vez con mayor precisión dentro del trabajo: jornadas, turnos, tiempos de producción, objetivos y, finalmente, productividad.
Y resulta paradójico que, siglos después de aprender a medir cada minuto, uno de nuestros mayores deseos sea precisamente poder dejar de hacerlo. Quizá por eso el verdadero reto no sea encontrar más horas, sino tener la claridad suficiente para decidir qué merece ocuparlas.
Porque, al final, gestionar mejor nuestro tiempo, nuestro trabajo o incluso una marca tiene mucho más que ver con saber hacia dónde queremos avanzar que con la cantidad de cosas que somos capaces de hacer.
Precisamente hace apenas unos días, hablamos sobre el Do it Clear en IoT Sparks, el encuentro internacional sobre innovación, tecnología y transformación digital celebrado en Valencia. David Baldoví, CEO de Brandsummit, compartió con un público angloparlante cómo esta forma de trabajar se ha convertido, con el tiempo, en algo más que una metodología interna.